-Oye tortuga, yo quisiera un caparazón como el tuyo.
dijo el gusano.
-No te lo recomiendo, es una carga pesada la mía.
contesto la tortuga.
-Sí, pero te protege...Yo sin embargo ando a la intempestiva.
Decía el gusano tristemente.
-Pero tu no tienes donde esconderte, vives la vida intensamente.
Suspiraba la tortuga antes de meterse en su caparazón.
-Eh tu, tortuga...No me temas...Yo no puedo dañarte...Soy un simple gusano...Es mas fácil que tu me hagas daño.
Le soltó el gusano a la tortuga.
-Yo no quiero hacerte daño, solo es que aqui dentro estoy a salvo.
Resonó la voz de la tortuga desde sus adentros.
-A salvo de mi?
Susurro el gusano melancólico.
-Sí...Dame tiempo gusanito, yo voy paso a paso por la vida.
Dijo la tortuga sacando un poco la cabecita.
-Yo me arrastro por la vida, eh! pero con mucha dignidad! Pero soy un ser frágil...Así que me vendrá bien esperar...quizás la paciencia pueda ser mi caparazón...
Reflexionó el gusanito inquieto.
-Quizás tu paciencia llegue a ablandar mi caparazón.
Y nadie puede saber lo que entre ellos ocurrió, pero compartieron ese lindo momento para toda su vida.
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