Esto era un pantano hermoso.
Lleno de vegetación.
Su agua era cristalina.
En primavera se llenaba de Nenúfares de mil colores.
En otoño, las hojas caídas danzaban en su superficie.
En invierno, preciosos copos de nieve dibujaban estrellas de hielo sobre sus aguas heladas.
En verano, el Sol reflejaba en él todo su esplendor dorado.
Kanji era el hijo de sus profundidades.
Kanji era de agua pura.
Kanji era oxígeno.
Kanji fluía.
Sin forma concreta se movía libre en su círculo limitado.
Una noche tranquila, una hermosa muchacha se acercó a su orilla. Llevaba en sus manos una extraña planta cubierta de riera y llena de ramas.
- ¡Kanji!- gritó la chica.
Kanji al oir su voz melodiosa y alegre le contestó con una leve salpicadura.
-Kanji, quisiera plantar en tu profundidad mis raíces
Kanji, entonces quedó paralizado...
-Kanji, mis raíces se secan, cargo con ellas día y noche, necesitan beber, nutrirse, expandirse. Mis padres me dejaron en el bosque una fría tarde de diciembre cuando cumplí la mayoría de edad."Es por tu bien" me dijeron, "necesitas plantar tus propias raíces".
Kanji no entendía las palabras, pero podía sentir el desamparo de la muchacha.
-Kanji, yo deseo enredar mis raíces en tus profundidades. Quisiera abrazarte, sentirme amada y protegida.
Kanji empezó a temblar inquieto, pues algo impalpable le hacía percibir un amargo sabor a tragedia.
-Kanji, a ti me entrego.- Y atándose una piedra al tobillo se arrojo de cuerpo entero.
Kanji se revolvió furioso. Estaba aterrado. Nunca antes había sentido tanto miedo. Ese cuerpo de muchacha no encajaba bien en su amoldable forma. Su tierra profunda se volvió piedra, pues no quería ser plantado. No sabía porqué sentía tanto rechazo. Reunió todas sus fuerzas y con un empujón salvaje arrojo a la muchacha de una ola hacía la tierra.
-¡Kanji! ¿Me rechazas?.
"Es mucha responsabilidad muchacha"...se repetía kanji sin haber conocido jamás las palabras.
La muchacha caminó arrastrando la piedra y lloriqueando.
-¿Dónde plantaré mis raíces?.- Se oía en la lejanía.
Kanji quedó agotado.
La muchacha vagó por sendos pantanos arrojándose con su piedra pesada. Tratando de plantar sus raíces. Y a pesar de que jamás consiguió ahogarse, desperdició su existencia de pantano en pantano.
La gente la llamó "LA DAMA DEL PANTANO".
Y dice la leyenda que aun vaga arrastrando su piedra.
Y vagará hasta que plante sus raíces en su propio cuerpo.
Vagará hasta que su cuerda se rasgue y se desprenda de esa piedra.
Vagará quizás para recordarnos que "LA DAMA DEL PANTANO" anduvo errada por los siglos de los siglos, tratando de echar raíces sus raíces en aguas ajenas.
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