Aquella mañana Abel, el alumno del reputado maestro Swami, se despertó una hora antes que de costumbre.
Desayunó una hora antes de su desayuno.
Salió una hora antes de lo necesario. Se dirigía a su clase diaria con el maestro Swami.
El día anterior el maestro le había anunciado: "Mañana será un día largo, un día duro, pero el resultado te acompañará toda la vida, y resolverá uno de los enigmas de la existencia".
Abel había quedado totalmente intrigado...Hasta ahora, el maestro, no le había dicho ni una sola palabra.
Cuando él llegaba se encontraba con Swami meditando en alguna postura imposible...Al principio se incomodaba con ese silencio, con esa falta de comunicación, aunque le costó poco tiempo entender que debía limitarse a imitarle en esas locuras.
Durante una época se encontraba al maestro con un instrumento en la mano, y otro idéntico descansando delante suyo. Sin tan siquiera mirarle empezaba a tocar una secuencia relativamente fácil. La tocaba una y otra vez, y Abel la repetía en su propio instrumento. Cuando conseguía sacarla, el maestro la complicaba...Y así Abel había aprendido sin darse cuenta y en silencio el arte de la música.
En otra ocasión, el maestro, se limitó a caminar. Él maestro caminaba en silencio mientras Abel le seguía...Caminaron en silencio horas y horas, volviendo constantemente al mismo sitio de partida...Y así Abel aprendió a moverse por el bosque cómo por su casa, no solo porqué llegó a conocerlo como la palma de su mano, también porque el bosque le reconocía como parte de él.
Esa tarde, después de una meditación larga en la que Abel no había podido acallar su ruido interno ni un solo minuto, y se sentía totalmente entumecido, por primera vez escucho el sonido de la voz de su maestro.
"Mañana será un día largo, un día duro, pero el resultado te acompañará
toda la vida, y resolverá uno de los enigmas de la existencia".
Al llegar al lugar, y a pesar de que llegaba una hora antes de lo previsto, se encontró a Swami de pié sobre un tronco caído, con los ojos vendados. Una venda descansaba en el suelo muy bien doblada.
Abel se la colocó y se subió al tronco.
Después de una hora manteniendo el equilibrio pensó, "Pues vaya, no me parece tan difícil"...
En ese momento Swami le dijo: "Debes responderme a esta pregunta, o no podrás bajar de este tronco...¿Dónde estás, dónde te encuentras?...Solo podrás darme una respuesta cada tres horas...Buena suerte..."
Abel, que volvió a pensar que todo aquello le parecía una tontería respondió sin pensar "Me encuentro encima de un tronco".
El maestro inmediatamente le soltó "Fallaste, hasta luego"
Cuando el maestro volvió, Abel le dijo "Estoy en el bosque"
El maestro, con mucha tranquilidad le dijo "Fallaste, hasta luego"
Seis horas después, Abel creía tener la respuesta "Estoy en medio de la naturaleza"
Pero tampoco resultó ser la respuesta acertada.
Abel se quedó encima del tronco, a las nueve horas pensó en bajar, pero entonces una idea le asaltó: "¿Y si en todo este rato no me he dado cuenta, al estar pendiente de mi equilibrio y de responder a la dichosa pregunta, y me el maestro ha movido el tronco y me encuentro a metros y metros del suelo o de un río? " Cualquier movimiento, como el de sacarse la venda podría ser mortal-
"Quizás estoy suspendido en el aire"
"Fallaste, hasta luego"
Pasaron 12 horas desde que Abel se había subido al árbol, mantener el equilibrio ya no le parecía tan fácil. Y aunque con su última respuesta había entendido que seguía exactamente en el mismo sitio, la experiencia ya le había calado hondo, ya llevaba demasiado tiempo allí como para abandonar, y de todos modos un resultado que le acompañaría toda la vida y que le resolvería uno de los misterios de la existencia, no podía ser fácil de conseguir.
"Estoy en la Tierra"
"Estoy en el Mundo"
"Estoy en el Universo"
"Estoy en la Galaxia"
Nada, nada y nada...De repente Abel, destrozado, muerto de hambre y de sed, y con muchas ganas de orinar decidió, casi involuntariamente, dejar de pensar, entró en un estado meditativo, se concentró plenamente en su respiración.
Cuando el maestro volvió a preguntar, Abel no respondió, cogió aire profundamente y lo soltó con gran alivio, volvió a coger aire y volvió a soltarla.
"Exacto, ya puedes bajar. Te costó menos de lo que esperaba."
"Estoy dónde está mi respiración...Claro, estoy dónde respiro...Gracias maestro...Realmente ha sido una lección que me acompañará toda la vida y que resuelve uno de los misterios de mi existencia. No faltasteis a vuestra palabra."
Y Abel abandonó el lugar sintiéndose distinto, viendo el bosque como si lo descubriera por primera vez, escuchando sus sonidos más íntimos, percibiendo el aire en su rostro, y sin pensar ya más ni en el ayer ni en el mañana
TOM HECKEL INSPIRATION
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