jueves, 6 de septiembre de 2012

LA FLOR Y EL HOMBRE PERDIDO

Un hombre andaba perdido...
Una flor se encontraba sola y desemparada...
Un día el hombre perdido tropezó con dicha flor.

-¡Mira por donde vas!.- dijo la flor descargando su dolor, pues triste yacía en un bosque sin más compañía que la de un arbol seco y aparentemente sin vida.
-¡Perdona! No te había visto.
-Nadie me ve...Soy invisible...En primavera todos vienen a coger las flores que a mi lado crecen, pero a mi nadie me lleva. No sirvo para nada, ni para ramo, ni para corona, ni para tiesto ni para jarrón...Debo ser una flor horrible.
-¡Qué dices! Eres preciosa.
-¿Entonces porqué me pisas en lugar de olerme o contemplarme?
-Porqué ando absorto en mis propias desgracias. Quiero a una mujer que tiene en otro puesta la mirada.
-¿Y porqué sigues con esta mujer que de otro está enamorada?
-Porqué en el amor no hay razón que valga. No poseo los atributos que a la chica puedan mantener encandilada. No soy un hombre completo, no soy un hombre que merezca respeto. Si yo como el otro fuera, ella de mi se prendaría, pero soy menos que él, y ella no quiere conmigo ni noches ni días. Soy un desastre, una calamidad, jamás encontraré quién me quiera de verdad.
-Y esa mujer de la que hablas...¿No querría una flor como yo?
-No si yo se la llevara.
-Pobre hombre, esa mujer es muy afortunada.
-Estoy cansado de andar, camino sin rumbo.
-Quédate a mi lado, me vendrá bien un poco de compañía en este mundo.
-Eres una flor muy tierna y hueles que embriaga.
-No quisiera ser grosera, pero preferiría que un príncipe me admirara.

Y así el hombre quedó prendado de la flor que le devolvío luz a la mirada.
Pero la flor, que era egoista, vanidosa y muy mimada, no se sentía satisfecha ni aliviada.

-¿Crees que un día un apuesto galán me recogerá?
-Sí, claro, lo creo. Eres una flor muy bonita.
-Cuando se acerque te apartarás ¿verdad?
-Claro dulce flor, y nunca más me verás.

Cuando el invierno pasó el hombre decidió abandonar el lugar, pues entendió que su corazón se empezaba a encariñar.
Pasaron horas, dias, meses...y la flor añoraba que el hombre la contemplara.
Pasaron soles, lunas, lluvias y granizadas...y la flor amanecía cada vez más triste por la mañana.
-¿Dónde está aquel hombre perdido que tanto me amaba?

Un día, ya cansada, se giró hacía el arbol enfermo que de las tempestades la resguardaba.

-Arbol, ¿serías tan amable de cortarme? con esa rama medio caída podrías ayudarme.
-Querida flor, yo te ayudaría pero no tengo claro que tengas la lección bien aprendida.
-Aprendí que amar no es cosa de anhelos. Aprendí a querer al otro por lo que es no por lo que yo quiero. Aprendí que el amor verdadero, es profundo y puede dar mucho miedo.
-Mi querida flor, esas son buenas lecciones para tí, pero aún no aprendiste la más importante, así que deberías seguir aquí.

Pero la flor era testaruda y no quería aprender. Apasionada y soñadora buscó la manera de echar a correr.
Se estiró tanto como pudo, se agarro a la tierra para sus raices sustraer, cogió impulso y trató de saltar, pero no hubo manera de poderse arrancar.
El hombre perdido, que aun andaba perdido, pero ahora estaba tranquilo, con la flor volvió a tropezar. Quería mostrarle a su buena amiga cuánto, con su ayuda, había llegado a mejorar. Y sin querer ni pretenderlo del suelo la logró desarraigar.

-¡Por fín! ¡Has vuelto! Ya entendí, es a ti a quien yo quiero.
-Perdoname mi preciosa flor, pero es que ya no te veo con el mismo candor, sigues siendo una preciosidad, pero ya no me embriagas y no te quiero engañar. Del amor yo ya no espero nada, creo que no existe, que es una fábula inventada.

El hombre perdido se fue desvalido pensando que había cortado una flor que preciosa crecía.
-¿Por qué no la dejé crecer a la luz del día? ¿Porqué la abandoné allí sola y desvalida? Tocarla no debía, contemplarla y hacerle compañía me ayudó a mi, pero a ella la dejó totalmente perdida.

La flor quedó llorosa en el suelo, abandonada a su suerte sin poder casi ni respirar.

-Querido arbol....- dijo casi sin voz- ¿La lección no sería entender que nadie me recogía porqué no querían verme en un jarrón marchitar?
-Sí mi dulce flor, eres una flor singular. Cuando vienen a cortarlas te dejan aqui sola para que otros te puedan contemplar. Pero debes saber que un día te cortarán porqué también puedes ser buena para decorar. Cada flor tiene su destino, cada una su cometido. Tu no eres mejor que las que cortan, ni eres peor que las que se van.

Y entonces un hombre cualquiera llegó por suerte a su vera.

-¿Qué hace esta flor marchita? Por lo que veo debió ser realmente bonita.

Y la plantó en su jardín, dondé cada día con agua y dulces palabras su pequeño corazón nutria.
El hombre perdido ya nunca más se embriagó. Amó, y feliz vivió pero con una dulce chica que lo amaba precisamente por no poseer aquello que él tanto anhelaba.

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